miércoles, 16 de mayo de 2018

El Televisor de Ocho Palos


          Desde el primer momento he dicho que éste es el gobierno de Sebastián Piñera y sólo para Sebastián Piñera. A él, como al resto de los seres humanos, lo que más le importa en la vida es su persona, pero, a diferencia del resto de los seres humanos, que a veces piensan en los demás (mucho: altruistas; poco: egoístas), él sólo piensa en sí mismo. Y por eso lo primero que hizo cuando asumió la Presidencia fue pensar en lo bien que lo iba a pasar en el lugar en que los presidentes lo pasan mejor, que es en el Palacio de Cerro Castillo, lujo completamente innecesario para el bienestar general y absolutamente indispensable para el goce personal del (la) Primer(a) Mandatario(a).

          Y entonces planificó su gobierno a dos o tres meses, avizorando el hito más importante a partir de junio: el Mundial de Rusia. Y se vio rodeado de la gente que a él más le agrada, que es la que lo encuentra buenmozo, alto, inteligente y simpático y se ríe de todos sus chistes, por repetidos que sean, toda ella mirándolo principalmente a él y secundariamente a los principales partidos del Mundial. Y vio en la escena algo que desentonaba: un televisor común y corriente, insuficiente para permitir que todos los que él quiere que estén vieran bien y a gusto y no estuvieran apretujados. Y entonces se dijo inmediatamente: “Tiene que ser de 84 pulgadas”. Y ordenó la compra, con dinero fiscal, naturalmente, y para el recinto dispensador de los mayores agrados presidenciales: el Palacio de Cerro Castillo. No le correspondía pagarlo a él, tratándose de un recinto fiscal. Obvio.

          Por ser la primera prioridad del gobernante, la orden de compra publicada y televisada tiene fecha 12 de marzo, es decir, es representativa de la primerísima acción del presidente asumido el día 11 en su primer día de trabajo y nos costó a los contribuyentes ocho palos. Más de tres veces que el “sillón de tres palos” (que al parecer son sólo poco más de dos) encargado por el Ministerio del Interior y que se ha hecho popular en las redes como símbolo de austeridad fiscal en un período en que se ha llamado al sector público a apretarse el cinturón para hacer cuadrar las cifras.

          ¿Importante? No, no es importante. Pero sí demostrativo de algo que siempre he afirmado: el propósito primordial de Sebastián Piñera como presidente es maximizar el bienestar de Sebastián Piñera y evitarle toda contrariedad, aunque para esto último deba hacer canalladas como la de destituir al director del Museo Histórico Nacional por una actuación ajustada a sus deberes y a la verdad histórica, pero que estaba suscitando la crítica de Lorena Pizarro y del Frente Amplio. Decisión que quedará incorporada a los anales de las bajezas presidenciales nacionales y que nos ha hecho recordar “1984” de Orwell, donde no se podía decir nada bueno de Emmanuel Goldstein y el gobernante convocaba a periódicos “minutos de odio” general contra él..

          Por supuesto, no es el “Chile que queremos”. Sólo el “Chile que tenemos”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario