domingo, 19 de noviembre de 2017

"Famous Last Words"


          Voy a ir a votar a las dos, porque mi hijo vocal (desde hace tres elecciones) me informó que a esa hora no iba nadie. Mi pronóstico es que van a votar 7.300.000 personas. Anticipo como resultado: Piñera 38 %; Kast 15 %; Guillier 14 %; BEA 13 %; Goic 9 %; MEO 8%; Navarro 2 %; Arnés 1 %. Si la derecha es inteligente, la izquierda quedará hoy fuera del poder. En la sobremesa de 20 que hizo una “polla electoral”, la votación a mano alzada de los participantes favoreció a Kast sobre Piñera por 15 a 5, no así sus pronósticos, entre los cuales el mío fue el segundo en mayor cantidad de votos para Kast y también el segundo en menor cantidad de votos para Piñera.

          Las últimas noticias recibidas no son buenas para mis expectativas: Christoph Schiess, cabeza de un grupo económico e hijo de un insigne partidario del Gobierno Militar, Guillermo Schiess, declara en “El Mercurio” que “no tiene inconveniente en decir que va a votar por Piñera”. Mala noticia.  Él debería tener inconveniente, pues cuando nos encontramos en una misa ecuménica por los presos políticos militares entendí que, como buen hijo de sus padres, estaba en contra de la prevaricación judicial contra los vencedores de la guerrilla marxista, prevaricación de la cual Piñera fue coautor y su gobierno principal ejecutor.

          Mi segundo hijo fue a Maipú el jueves y allá trató negocios con un hombre de campo que, durante el Gobierno Militar, pasó de hijo de inquilino pobre en 1973 a “patrón de fundo” rico en 1980. Éste le dijo: “Acá todos votamos por Piñera”. Y le pronosticó: “Va a ganar con el 60 % en primera vuelta”.

Además, expresó festivamente su admiración por el desempeño del candidato cuando en la TV le representaron su última “llegada estrecha”, la compra de una empresa zombi para eludir impuestos (mientras apoyaba el alza tributaria de Aylwin en los ‘90, que no afectaba la elusión mediante las empresas zombi). Decía el agricultor, riéndose con admiración: “El viejo se movía y les contestaba todo a los periodistas”. Es que las “llegadas estrechas” son populares. Las llaman “picardía criolla”.

Me pareció increíble el cambio. Pues el hoy “patrón de fundo” y yo fuimos filmados para la franja televisiva del “Sí” en 1988, cuando Piñera era del “No”. Lo llevé a dar su testimonio porque era viva prueba del progreso que los más pobres podían lograr gracias a la libertad de iniciativas que consagró el Gobierno Militar y de la permeabilidad social que esa libertad hacía posible. Siempre este agricultor fue un gran partidario de Pinochet, pero ahora vota por uno de sus mayores denigradores, quien afirma que su gobierno fue "peor que el de Allende". Algunos llaman a esto “el pago de Chile”. Otros, “mala memoria”. Otros, entre los que me incluyo, “lavado de cerebros”. Y los más conspicuos, “asimetría de información”.

Finalmente, me informan resultados por whatsapp: “Piñera se impone en Islas Caimán” y Artés “fue favorecido por el voto de Kim Jong Un en Corea del Norte”.

Pero mejor es esperar otros cómputos menos obvios.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Otra Elección Que Cambiará Mi Vida


          El 31 de diciembre de 2008 escribí mi última columna en “El Mercurio”, titulada “Mi Alegría Ya Viene”, y anuncié mi renuncia a ese diario después de 46 años. El principal motivo de la misma era su apoyo a Sebastián Piñera, quien en esa época tenía la mitad de su prontuario actual, pero ya más que suficiente para hacerlo inaceptable para mí como candidato presidencial. Desde luego, había resultado recién condenado por haber sido sorprendido comprando acciones con información privilegiada.

          No fue la única razón que tuve para alejarme del diario. En mi autobiografía di seis a lo largo de cinco páginas. Pero aquélla fue la principal.

          Hoy me encuentro en un trance similar, pero no en estado de renunciar a alguna entidad, porque ya no estoy en ninguna. No obstante, simplemente no quiero estar con personas de derecha, de mis mismas ideas, a quienes sé y supe partidarias del Gobierno Militar y que siempre han estado agradecidas de él, pero que hoy, bajando la cabeza (todas lo hacen, como si fueran a confesar “voy a prostituirme”), me digan: “Voy a votar por Piñera”, uno de los principales verdugos de la verdad histórica reciente, de la imagen de ese gobierno y de los presos políticos uniformados. No quiero estar con ellas, con una sola excepción: mi única hermana, con quien almuerzo todos los jueves en su casa en compañía de sus hijos. Seguiré yendo.

          Pues a ella le he explicado reiteradamente que en la elección del domingo hay un solo candidato de derecha, el único que defiende el legado del Gobierno Militar, y lo entiende. Sé que ella comparte el repudio a la persecución ilegal de los militares (r) por parte de los jueces y de los gobiernos de Bachelet y Piñera. Conoce el prontuario de éste. También entiende que bastaría que las personas de derecha votaran por Kast para que éste obtuviera más votos que cualquiera de los seis candidatos de izquierda y dejara a la Nueva Mayoría fuera del poder el domingo (porque nadie duda de que Piñera pasará a segunda vuelta). Por tanto, también entiende que el único voto realmente útil para que se vaya la extrema izquierda del poder es el que emita por José Antonio Kast.

Pero, después de oírme, de enterarse de que sus hijos están de acuerdo conmigo y van a votar por Kast, inclina la cabeza, mira hacia abajo y me dice, con curiosa determinación: “Yo voy a votar por Piñera”.

          Única hermana y única excepción. Seguiré almorzando donde ella los jueves. Pero no iré a ninguna otra reunión, tertulia, conciliábulo, conversación, consejo, almuerzo o evento al que asistan personas de derecha que, bajando la cabeza, hayan confesado: “voy a votar por Piñera” o “voté por Piñera”. Con esa gente ya no tengo “affectio societatis”. ¿Para qué estar con ella?

          Participo completamente del criterio del empresario Matías Pérez Cruz, que les ha escrito a Longueira y Lavín, con motivo del video de éstos destinado a amedrentar a los votantes de Kast, calificándolo como “una carajada”. Pues lo es. Desde luego, porque la verdad es la contraria: votando la derecha por Kast se garantiza la derrota de la izquierda en primera vuelta.

          De Lavín sabemos hace muchos años que se pasó al otro bando y se hizo portador del lema propagandístico de la izquierda sobre “atropellos a los derechos humanos”, que es como llaman a la misión de combatir al ejército paralelo marxista. De éste advirtieron con alarma, al país y al mundo, entre otros, Frei Montalva y Aylwin en 1973. Ello llevó al primero a declarar, en el ABC de Madrid, “los militares han salvado a Chile”… añadiendo “cuando usted tiene un cáncer, llega el momento en que tiene que someterse a una intervención quirúrgica”... “lo acontecido en Chile es exclusiva responsabilidad de Allende y la Unidad Popular”… y, a los empresarios de la SFF, “esto se arregla sólo con fusiles”.

          Hoy parece increíble ver a Longueira abogando por Piñera, cuando fue éste quien lo confrontó hace doce años en la conspiración del ex cura Jolo y Gemita Bueno para destruir a la UDI. Piñera había llamado desde el sur, en 2004, a la oficina de Allamand, alertándolo de que la diputada RN Pía Guzmán “tenía una bomba contra la UDI”. Esto fue revelado por la hermana UDI de la secretaria de Allamand. Teletrece presentó a Gemita Bueno como habiendo sido abusada, cuando niña, por altos personeros de la UDI en orgías en que, afirmaba ella, hasta habían llevado a la muerte a otra menor.

          Ante eso Sebastián Piñera afirmaba “estar conmovido”, mientras los prohombres UDI eran masacrados en el “juicio por los diarios”. Pero Longueira se plantó firme y amenazó llevar todo el asunto a tribunales, donde la secretaria de Allamand y su hermana tendrían que decir la verdad. Entonces el candidato presidencial Lavín les pidió a ambos presidentes de UDI y RN, Longueira y Piñera, renunciar a sus cargos y a cualquier acción judicial para definir el diferendo. Hasta que el globo se desinfló por completo cuando Gemita Bueno le reconoció al ministro sumariante Sergio Muñoz que todo su cuento de abusos por parte de prohombres de la UDI era mentira. Longueira había desenmascarado a Piñera. Éste, entonces, se dedicó a recorrer el país trabajando, como siempre, para sí mismo, reuniéndose con consejeros de la colectividad para que votaran por él y no por Lavín como candidato presidencial, cuando todo el mundo daba por hecho que RN iba a apoyar a Lavín y Sergio Diez, su presidente, decía que él era más lavinista que nadie. Pero llegó el Consejo de la colectividad y una mayoría proclamó a Piñera. Todo hombre tiene su precio. Y finalmente éste ganó en primera vuelta a Lavín por unos pocos miles de votos, mientras la primera mayoría, Michelle Bachelet, declaraba: “Muchos partidarios míos votaron por Piñera para derrotar a Lavín”. Piñera siempre ha sido funcional a la izquierda, como ahora mismo, cuando confiesa estar estudiando la degradación de militares procesados ilegalmente. Y finalmente Michelle fue fácilmente elegida en la segunda vuelta de 2006, pues Piñera a esas alturas sólo pensaba en 2009.

          Como la vida tiene muchas vueltas, los dos grandes enemigos de 2005, Longueira y Piñera, hoy se han hecho grandes amigos. El partido que el segundo buscaba aniquilar hace doce años hoy se rinde a sus pies, dispuesto a ayudarlo en su razzia contra los militares, a los cuales ese partido rendía loas entre 1973 y 2005. Y Longueira, junto con Lavín, llama en un video a no votar por el único candidato de derecha y más próximo a sus ideas, José Antonio Kast, sino por Piñera.

          Todo esto lo ha desatado la última encuesta CEP, en la cual no creo para nada, porque es un traje a la medida confeccionado para Sebastián Piñera. Y no creo para nada en ella porque afirma que la mayoría opina las siguientes cosas:

1) Que el candidato más “honesto y confiable” es Sebastián Piñera. Por supuesto, hasta los más partidarios de Piñera saben que esto no es así y conceden que de ninguna manera una mayoría puede afirmarlo.

          2) La CEP dice que el principal requisito que se demanda de un candidato presidencial es su honestidad. Nueva imposibilidad de que la mayoría vote por Sebastián Piñera. Esto constituye una contradicción en los términos. Una encuesta que arroje ambos resultados no puede estar buena.

          3) La CEP de agosto dictaminó que a José Antonio Kast lo conocía el 63 % de los chilenos. La CEP de octubre, después de dos meses de campaña activa de Kast como candidato presidencial, participación en foros, recorriendo el país y apareciendo en todos los medios, dice que ahora sólo el 57 % de los chilenos lo conoce. Es decir, su proclamación, campaña, presencia en radios, diarios y televisión todos los días durante dos meses, han llevado, según la CEP, a que haya bajado su nivel de conocimiento de 63 a 57 %, mucho más que cualquier margen de error. Eso confirma que la CEP tiene un ostensible sesgo anti-Kast. Está mala.


          El domingo, tal vez con todavía alguna otra “carajada” mediante, sabremos la verdad, influida por ellas. Pero, en lo que a mí respecta, habrá otro cambio en mi vida y no perdonaré a los que, sacrificando sus ideas, sus principios y su propio autorrespeto, hayan confesado, bajando la cerviz, “voté por Piñera”. Con la única excepción de mi hermana. Con aquellos, “nunca más”. El voto premeditado contra la conciencia y contra la verdad no es algo con lo cual yo, al menos, esté dispuesto a contemporizar.

martes, 14 de noviembre de 2017

Catón y Piñera


          Catón el Censor (234 a.C.) fue el prototipo del hombre virtuoso en la antigua Roma, así es que nada más explicable que su antónimo chileno, Sebastián Piñera, haya expresado en “Tolerancia Cero”: “no me gustan los catones”. ¡Cómo podrían gustarle si Mónica Rincón le estaba representando que en 1992, cuando él se hallaba en el medio de la “política de los acuerdos” con Aylwin para subirles los impuestos a los chilenos (y para facilitar su compra de acciones LAN a la Corfo), él se hallaba también comprando una sociedad “zombi”, difunta, con cuyas pérdidas se proponía “hacer desaparecer $39 mil millones de utilidades de sus empresas”, según revela el libro “Empresas Zombis” de Rojas y Guzmán (“El Mostrador”, 06.11.17)).

          Catón justamente se distinguió por la conducta contraria, pues cuando le correspondía quedarse con parte del botín obtenido en la conquista de la Hispania, renunció a él y le entregó al erario de Roma la totalidad de lo capturado. En términos de hoy, Catón fue el “antipiñera”, así como Piñera es el “anticatón” por antonomasia. ¿Alguien puede imaginarse a Catón subiéndoles los impuestos a los romanos y al  mismo tiempo llevándose su propio patrimonio a paraísos fiscales, como Piñera en 2010?

          El enojo del candidato con la periodista Mónica Rincón, que se extendió a sus escuderos, cuyos twitts contra ella remecieron las redes, obliga a destacar su insobornabilidad, virtud bastante excepcional en nuestro medio, en el cual las “vueltas de chaqueta” de reputados opinólogos en favor de Piñera han sido espectaculares, sólo, por supuesto, para los que nos enteramos de ellas y no las olvidamos, pues leemos las cosas, entendemos lo que leemos y tenemos buena memoria.

          A propósito de soborno, ha venido teniendo lugar una situación pintoresca, que revela la importancia de una pluma vigilante, por modesta que sea (como es el caso de la mía, cuya modestia, si bien frecuentemente herida, es indiscutible). Yo he venido denunciando en este blog y en mi columna de “Estrategia” las inexplicables “vueltas de chaqueta” de diputados de la Concertación y la Nueva Mayoría cuando se ha tratado de votaciones que afectaban a Piñera.

          En efecto, cuando el entonces diputado Jorge Burgos, un hombre probo, era presidente de la comisión investigadora de la compra de acciones LAN con información privilegiada por parte del candidato Piñera, en 2009, y teniendo la Concertación mayoría de 5 a 3 diputados, “fueron dados vuelta” y ¡rechazaron! pedir la grabación telefónica, de la cual iba a surgir una voz inconfundible dando la orden de compra. Fracasó la comisión y Piñera evitó otra condena.

          Después, cuando la comisión investigadora en el caso Cascadas condenó a Piñera por no abstenerse en una negociación de acciones, como era su obligación en cuanto Presidente, al elevarse el informe condenatorio respectivo a la sala de la Cámara, y teniendo en ella mayoría de 41 a 31 la Concertación, suficientes diputados “fueron dados vuelta” y ¡se rechazó! el informe por 41 a 31, salvándose de nuevo Piñera.

          Y otra vez más, cuando una tercera comisión de la Cámara pidió oficiar a la Superintendencia para que detallara las sanciones impuestas por ella a las sociedades-insignia de Piñera, Bancard y Bancorp, numerosos diputados de la Nueva Mayoría tuvieron urgencias fisiológicas y debieron ausentarse de la votación para ir al baño, momento en que los escuderos de Piñera y los parlamentarios de ChileVamos (sus permanentes encubridores), aprovecharon para rechazar el envío ese oficio.

          Como yo comentaba en este blog y en “Estrategia” todas estas sospechosas “vueltas de chaqueta”, los diputados de la Nueva Mayoría se sintieron vigilados y, por una vez, ¡no “se dieron vuelta!”, cuando se trató del informe de la comisión sobre el caso Exalmar, en el cual una empresa de Piñera compró acciones de la pesquera peruana que podía resultar beneficiada con el fallo de La Haya. La justicia absolvió a Piñera de haber cometido delito con esa compra, pero la comisión de la Cámara lo condenó por no haber observado el deber de abstención de comprar esas acciones en pleno litigo chileno-peruano.

          Después correspondía que la sala de la Cámara votara ese informe, en vista de lo cual los escuderos de Piñera han interpuesto un recurso dilatorio ante el consejo de ética de la corporación, por haberse detectado un “copy-paste” en el texto que, con o sin “copy-paste”, concluye que Piñera no cumplió su deber de prescindencia y abstención y lo condena por ello. Pero ya así han postergado la condena para después de la primera vuelta.

          Y todo porque la vigilancia de este columnista, el más modesto (y molesto) de los Catones, ha conducido a que los diputados que “se daban vuelta” ahora no puedan hacerlo impunemente, al sentirse vigilados.

          ¡Qué buena es la libertad de prensa! ¡Qué bueno que siempre haya alguien que no puede ser sobornado! ¡Grande, Catón! Por algo le caes mal a Piñera.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La Historia se Repite


          En 1957 la derecha estaba a punto de renunciar a todo con tal de evitar que el marxista Allende llegara a La Moneda. “Renunciar a todo” era apoyar al DC Frei a cambio de nada, y sólo porque la suma de la derecha y el centro derrotaban a la izquierda. Pero Raúl Marín Balmaceda, un derechista de tomo y lomo, evitó a costa de su vida (murió tras pronunciar un discurso contra Frei Montalva) que el Consejo del Partido Liberal apoyara a este último. El presidente conservador, Juan Antonio Coloma, contuvo a su vez a las propias huestes, que pretendían irse, presa del pánico, con Frei, proclamándose a sí mismo, primero, como candidato presidencial y luego transfiriéndole el apoyo del Partido Conservador a un candidato de derecha, Jorge Alessandri. ¡Sorpresa! Alessandri fue elegido Presidente, venciendo a Allende y a Frei, en 1958. Triunfo de la derecha que no se habría producido sin la muerte de Raúl Marín ni el coraje de Juan Antonio Coloma, ambos derechistas de verdad.

          Lamentablemente en 1964 ya no existían. La derecha tenía candidato propio, un radical absolutamente identificado con ella, Julio Durán. Éste encabezó el Frente Democrático, que se aprestaba a volver a derrotar tanto a Allende como a Frei Montalva. Pero hubo una elección complementaria de diputado en Curicó que ganó el doctor Naranjo, un médico marxista muy popular. Segundo salió el candidato de derecha, Rodolfo Ramírez, representativo de Durán; y tercero el “Vitrola” Fuenzalida, representativo de Frei. Y adivinen ustedes: la derecha entró en pánico, y pese a haber llegado segunda defenestró a Durán restándole su apoyo y se fue en masa con Frei, que había llegado último, ¡a cambio de nada! para derrotar a Allende. ¿Cómo le pagó su apoyo Frei? La destruyó. En la elección parlamentaria de 1965 los partidos de derecha prácticamente desaparecieron, cuando hasta entonces, en conjunto, eran la primera fuerza política. Y el programa socialista de Frei destruyó la base económica de la derecha, el agro.

          El resultado lo resume una frase obscena que repetía un amigo derechista fallecido hace poco: “Ya una vez en 1964 un democratacristiano me (autocensurado con triple X), y no me gustó”. Pero no le hicieron caso en 2009, cuando la derecha reincidió en apoyar a un democratacristiano (pese a que éste estaba recién condenado por comprar acciones con información privilegiada y antes había estado prófugo de la justicia, y “no por lindo”). Así es que se repitió el desenlace de 1970: al final terminó gobernando la heredera de Allende.

Lo increíble es que de nuevo nos encontramos a fojas uno (muchos escriben “fojas cero”, pese a que, por definición, ella no existe): con tal de que no se repitan el plato los herederos de Allende, nos dicen, hay que apoyar al mismo democratacristiano, Piñera, que tiene en su oficina el retrato de Frei Montalva, era íntimo de Aylwin y fue su continuador en guillotinar militares que combatieron el terrorismo marxista; y que ahora dice ser más próximo a Mariana Aylwin que a José Antonio Kast, el único candidato de derecha. ¡Y lo es!

Recuerdo que un pro-hombre conservador, el senador Francisco Bulnes Sanfuentes, relataba que cuando los derechistas se lamentaban de lo que les había hecho Frei Montalva, después de haber la derecha contribuido a elegirlo en 1964 tras defenestrar, presa del pánico, al candidato propio, Julio Durán (que a todo esto hizo una muy buena campaña ese mismo 1964 y evitó que el radicalismo se fuera con Allende), les replicaba: “Por culpa tuya, imbécil”.

Pues la fuga derechista hacia la DC destruyó a la derecha y no hizo sino tornar inevitable el triunfo marxista en 1970.

Hoy la historia se repite. Gran parte de la derecha insiste en desertar de su cauce natural e impedir que su candidato propio, el único de derecha, José Antonio Kast, pase a segunda vuelta. Irónicamente, bastarían a éste los votos de derecha para lograrlo, pero éstos, una vez más, huyen hacia el DC como en 1957 (lo impidió la muerte de Marín Balmaceda) y como en 1964 (Bulnes no lo pudo impedir), “para atajar a Allende o sus herederos”, y como en 2009, con las peores consecuencias para ella misma, las que siempre ha sufrido cuando ha cedido al ya histórico chantaje que hoy tiene lugar una vez más.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Lo Llaman "Darse un Gustito"


          Cuando yo era niño le preguntaba mucho a mi padre, y mi madre me retaba por ser tan “preguntón”. Una vez, supongo que hace como setenta años, él iba saliendo y le pregunté dónde iba. Me contestó, “a votar”. Le pregunté por quién iba a votar y me dijo “Por Pablo Aldunate Phillips”; le pregunté por qué, y me dijo: “Porque es un hombre muy honorable”. No olvidé más esa lección.

          Pasaron más de veinte años y en 1973 yo era candidato a diputado. Me llamó don Pablo Aldunate para pedirme que fuera a su oficina. Me dio un cheque de aporte a mi campaña y yo le conté que mi padre votaba por él y por qué.

          Después han pasado más de cuarenta años y me dispongo a votar por José Antonio Kast por la razón que me enseñaron, es decir, porque es “un hombre muy honorable”, aparte de interpretar mis ideas. Pero desde una candidatura que no cumple ninguno de ambos requisitos insisten en decirme que eso es “darse un gustito”, como si fuera algo pecaminoso.

          Pues impera una nueva modalidad o moralidad, fundada en que “hay que ganar” como sea y en que “el fin  justifica los medios”. No importa que el candidato no sea de nuestras ideas ni muy honorable, sino porque “va a ganar”. Lo que importa es sacar a la izquierda del poder, dicen.

Pero el contrasentido de eso reside en que, además, la forma más segura de sacar a la izquierda del poder es votando por José Antonio Kast para que aventaje a los candidatos de la izquierda, cosa que debiera ser fácil, porque ellos son seis que se dividen una mitad de la votación, mientras los del centro a la derecha son dos para dividirse la otra mitad. De tal manera que si mucha gente “se diera un gustito” votando por el único candidato de derecha, pasarían a segunda vuelta él y el de centroderecha (de quien nadie duda que tiene asegurado su paso a segunda vuelta), dejando fuera del poder a la izquierda en nueve días más.

          Pero parece que los que extorsionan con eso de “darse un gustito” piensan que la gente de derecha y que respeta la ética es tonta y no es capaz de darse cuenta de lo explicado en el párrafo anterior. En el hecho, “la honradez premiada” puede tener lugar una vez más, pues votar por Kast no sólo es más moral sino que también resulta más electoralmente conveniente.

          El candidato al cual se quiere favorecer con el chantage está tan seguro de que es verdad lo que dice la encuesta CEP, en el sentido de que el 81 % de la gente de derecha vota por él, que ha iniciado una maniobra hacia la centroizquierda, de “toma de control hostil” de la DC. Para este fin ha lanzado una crítica ética a su candidata, acusándola de nepotismo y olvidando completamente el refrán que aconseja: “no lances piedras a tu vecino cuando tengas tejado de vidrio”.

          Pues la agredida ha contraatacado detallando públicamente el prontuario de su agresor, quien a su vez ha duplicado diciendo que no caerá en “revolcarse en el barro”, como supuestamente lo estaría haciendo ella. Traducción: “revolcarse en el barro” = lectura del prontuario del candidato que la acusó.

          Soy de derecha y votaré por un candidato de derecha. Y lo haré, además, porque es “un hombre muy honorable”. Me lo enseñaron desde niño y –“la honradez premiada”— confiando en sacar a la izquierda del poder en la primera vuelta. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Elección y Verdad


          ¿Qué recuerdo yo del foro presidencial de Anatel? Pocas cosas. Desde luego, una anécdota trivial pero divertida: Sebastián Piñera, ante acusaciones de que eludía impuestos, citó a Lenin como diciendo “Mentid, mentid, que algo queda”, frase que, por supuesto, no es de Lenin. Poco después Eduardo Artés, que profesa la religión de Lenin, acudió al rescate de su deidad y rectificó a Piñera, diciéndole que la frase no le pertenecía a aquél, sino que a Goebbels, el ministro de Propaganda nazi. Lo cual, por supuesto, tampoco es verdad, porque el verdadero autor es el filósofo francés Francisco-María Arouet, mejor conocido como Voltaire.

          Entonces, en su turno siguiente, Piñera dio explicaciones y rectificó reconociendo su error, pues la frase que realmente había pronunciado Lenin, dijo, era otra: “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”. Pero esto tampoco es cierto, porque precisamente el autor de esa frase es Goebbels, a quien Artés erradamente atribuía la otra.

          Eso describe aproximadamente la relación de la actual campaña presidencial con la verdad.

          Ayer en la mañana viajé durante dos horas en auto a la capital oyendo la Radio Agricultura. Creo que no menos de un centenar de veces repitieron mensajes de propaganda de Piñera o de candidatos a parlamentarios que manifestaban su adhesión a él. En esas dos horas capté un, y sólo un, aviso de propaganda de José Antonio Kast.

          Se explica: días antes se había publicado la lista de conspicuos millonarios que habían hecho donaciones, a su vez millonarias, a Piñera. Porque la información de las donaciones hechas a través del Servicio Electoral es pública. Esto se hizo para transparentarlas. Pero lo único que se transparentó fue que los más millonarios dan mucho dinero al candidato más millonario. Y, de paso, la publicación hecha en “La Segunda” dejó de manifiesto que hasta ese momento Piñera había recibido alrededor de mil quinientos millones de pesos, por comparación con Kast, que había recibido sólo $77 millones. Y ese diario me dejó en vergüenza, pues mencionaba mi aporte de cien mil pesos a este último candidato, monto que parecía comparativamente miserable. En mi descargo puedo decir que financié durante un mes un costoso aviso en la radio llamando a firmar por Kast, que al final contribuyó a que éste tuviera éxito en la recolección de firmas.

          Todo de acuerdo con la ley, que además ordenó al fisco, es decir, a nosotros los contribuyentes, reembolsar a los candidatos sus gastos de campaña, a razón de tantos pesos por voto. Así es que, entonces, su abrumadoramente superior cantidad de propaganda no sólo le va a salir gratis a Piñera –porque se la financian los otros millonarios de la plaza— sino que además le va a significar una ganancia, porque el Servel le va a devolver lo gastado a él y no a sus donantes. Es decir, su elección es otro buen negocio suyo.

          Además, durante el foro quedó en pie que él tiene gran parte de su fortuna en paraísos fiscales, donde no paga impuestos. Pero él retrucó diciendo que tenía un certificado del Director de Impuestos Internos aseverando que había pagado todos sus impuestos. Claro, es que en el foro presidencial nadie aclaró que la vituperada reforma tributaria de Bachelet permitió declarar los capitales invertidos en paraísos fiscales pagando un impuesto de ocho por ciento. Es decir, si Piñera había sido sorprendido llevándose, en 2010, mientras les subía los impuestos a los demás chilenos, el 72 % de su patrimonio a través de “fondos de inversión privados” (que no pagan impuestos) a paraísos fiscales de Panamá, Islas Vírgenes y Luxemburgo (donde tampoco se pagan impuestos), su “generalísima” Michelle Bachelet (las actuaciones de ella son el mayor motivo de que Piñera encabece las encuestas) se preocupó de abrirle todavía otra puerta para regularizar su situación tributaria.

          A propósito de lo cual también se me quedó del foro presidencial el gráfico presentado por Sebastián Piñera comparando los crecimientos durante su gobierno y el de Michelle Bachelet. Pero nadie le replicó ni mencionó un hecho esencial: que el alto crecimiento de su período fue motivado por los aumentos sin precedentes del gasto público (16,5 %) y de la inversión pública (25,1 %) en 2009, por el ministro de Hacienda Andrés Velasco. Ni menos nadie explicó que de esas cifras del gobierno de Bachelet derivó la creación de medio millón de empleos durante 2010, la mitad de todos los creados bajo la administración Piñera.

          Otra  cosa que se me quedó del foro fue la presentación por el periodista Matías del Río del libro “Empresarios Zombis”, de Jorge Rojas y Juan Andrés Guzmán, donde se prueba que Piñera compró una sociedad “zombi” (quebrada y muerta por sus pérdidas) “para hacer desaparecer $39 mil millones en utilidades generadas por sus empresas” y no pagar impuestos. (“El Mostrador”, 06.11.17). Eso sucedía entre 1990 y 2000, cuando, durante la Política de los Acuerdos, Piñera apoyaba los aumentos de impuestos de Aylwin a los demás contribuyentes chilenos “para legitimar el modelo” (sin derogar la escapatoria de las "sociedades zombis"). Pero él no pagaba esos mayores impuestos, ni ninguno, gracias a las pérdidas de las “sociedades zombis”. Y cuando él en 2010 volvió a subir los impuestos, tampoco pagó el aumento, porque se estaba llevando sus “fondos de inversión privados” exentos (cuya exención no derogó) a paraísos fiscales exentos.

          Nada de esto aparece en los diarios ni menos en la publicidad electoral que nos muestra a un Piñera dedicado “de corazón”, dice, al servicio público en favor de los chilenos.

          Es la relación que existe entre la próxima elección y la verdad.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Cheyre Prueba su Propia Medicina


          El general (r) Cheyre se hizo cómplice del desconocimiento del estado de derecho en los juicios contra Pinochet y demás uniformados que debieron combatir la subversión armada de izquierda.

          Cuando él era Comandante en Jefe y se cumplían 30 años del pronunciamiento, en la víspera del 11 de septiembre de 2003, un periodista le preguntó cómo lo iba a celebrar, y contestó: “Como un día normal. Es un sábado como cualquier otro sábado”. Ese era su temperamento. Poco después, el 10 de diciembre de 2004, emitió la famosa autocondena de su institución: “El Ejército de Chile tomó la dura pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que como institución le caben en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado”.

          Es decir, si Pinochet era el único culpable, todos los demás eran inocentes. Luego, todos aplaudieron, pero en particular los verdaderos grandes culpables, la extrema izquierda que armó un ejército clandestino para tomar el poder y establecer un régimen totalitario. Y no contenta con esa rendición incondicional de los uniformados y el reconocimiento de su impunidad, ella desconoció las leyes y comenzó a condenar judicialmente a los militares que le vedaron su propósito, pero con una salvedad: a Juan Emilio Cheyre ningún juez de izquierda lo persiguió.

Hasta que se repitió la historia, como siempre lo hace, y la guillotina cercenó el cuello de monsieur Guillotin: acusaron a Cheyre. Y si la prevaricación es pareja, lo van a condenar.

          Pero Cheyre es inocente. Yo estudié el proceso que lo afecta, que es el mismo que sirvió para perseguir ilegalmente a Pinochet, y escribí un libro que puede adquirirse en este blog: “La Verdad del Juicio a Pinochet”. Fue best-seller en 2001 y tuvo tres ediciones de más de cinco mil ejemplares. El historiador Gonzalo Vial escribió a su respecto que era un provocador análisis, pero se refería al derecho, y de eso no era de lo que se trataba en los juicios contra Pinochet.

          Cheyre en 1973 era teniente y estaba en el regimiento “Arica” de La Serena cuando arribó la comitiva del general Arellano. Esta tenía por objeto velar por que a los presos que había en los regimientos se les sometiera a los tribunales en tiempo de guerra y se les tratara “sin abusos ni prepotencias”, como lo dijo en todos los lugares a los que llegó. Llevaba desde Santiago un proyecto de sentencia (La Serena dependía de la Segunda División, con sede en Santiago), condenando a muerte a tres procesados que estaban presos en La Serena. En esta ciudad el tribunal iba a juzgar a otros doce presos. Un teniente coronel incorporado ese día a la comitiva de Arellano, de acuerdo con otro oficial en retiro, pero que se había incorporado al regimiento local, sacaron de la cárcel a los quince anteriores y, llegando al regimiento, por sí y ante sí, sin saberlo ni Arellano ni el comandante de la unidad, los fusilaron.

Ante la alarma de los miembros del Tribunal en Tiempo de Guerra y del abogado que iba a defender a los presos, dejaron una rápida constancia de las muertes con una media firma del entonces gobernador militar, constancia que no se agregó al expediente.

          Ante los hechos consumados, el comandante del regimiento hizo una publicación sobre las ejecuciones al día siguiente en el “El Día” de La Serena diciendo que habían tenido lugar “conforme a lo dispuesto por los Tribunales en Tiempo de Guerra”, lo que no era verdad. El teniente Cheyre, ayudante del comandante, llevó el texto al diario “El Día” en un sobre cerrado.

          Como la justicia de izquierda ha creado en Chile el delito de “haber estado ahí”, numerosos uniformados (r) hoy están presos por eso. Algunos sin siquiera “haber estado ahí”. Por ejemplo, dos que trasladaron a personas de un lugar a otro y las dejaron en su destino sanas y salvas, pero cumplen presidio por lo que otros les hicieron después. Y conozco un oficial de la Armada que cumple condena sin siquiera “haber estado ahí”, porque había sido trasladado días antes, pero el ministro sumariante de izquierda consideró insuficientes las pruebas de su traslado y lo condenó igual.

          Juan Emilio Cheyre es completamente inocente, pero eso no constituye, para la justicia de izquierda chilena, causal de exención de responsabilidad. ¿O tal vez la sala penal de la Corte Suprema, la “madre de todas las grandes prevaricaciones”, se apiadará finalmente de él por haber sido por tantos años funcional a sus sistemáticas violaciones al estado de derecho?          
          Addendum tardío al blog: Revela el desorden de esos primeros tiempos después del 11 que la madre de uno de los ilegalmente fusilados en La Serena, Roberto Guzmán Santa Cruz, recibió en 1975 notificación de que en la causa que había afectado a su hijo se le había rebajado la pena de cinco años a 541 días de cárcel.